Proveedores de ervicios opinan que SF subestima la necesidad que hay a pesar de que cada vez más familias migrantes buscan acceder albergues

Yesica Prado/San Francisco Public Press

La necesidad de dar cobijo a las familias en situación de calle es cada vez peor, explicaron los expertos. En un evento de la comunidad realizado el 7 de marzo para dar impulso político a la solución del problema, Juan Estaban, de 6 años, sostenía un cartel que decía en español: "¡No más niños viviendo en la calle!". Un programa municipal financiaba la estancia de su familia en un hotel, la cual terminaría después de dos semanas.

Este artículo es una adaptación de un episodio de nuestro podcast “Civic.” Haga clic en el reproductor de audio más abajo para escuchar la historia completa.

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Cuando Karen Rodríguez llegó a San Francisco tras huir de su país natal, Colombia, con su marido y su hijo de 6 años, Juan, la familia se alojó con la madrina de su hijo. Sin embargo, cuando tuvieron que marcharse dos meses después porque el contrato de alquiler no permitía alojar a más personas en la vivienda, recurrieron a dormir en el auto que tenían.

Como la familia era recién llegada, Rodríguez y su marido carecían de permiso de trabajo, lo que les dificultaba en gran medida encontrar empleo y poder pagar el alquiler.

Desde entonces, han estado alternando estancias en su coche y en hoteles pagados por el ayuntamiento y Fe en Acción del Área de la Bahía, una red de organizadores comunitarios de varias congregaciones religiosas. Juan tiene necesidades especiales, por lo que un refugio de emergencia sería traumático para él, dijo Rodríguez.

La familia Rodríguez es una de muchas familias de migrantes recientes que buscan refugio y una nueva vida en San Francisco, y que se encuentran en situación de calle sin tener una solución sencilla.

Los proveedores de vivienda en San Francisco, los defensores legales, los grupos religiosos y los propios migrantes advierten que no hay suficientes viviendas temporales como para dar cabida a la creciente necesidad, y que el sistema de respuesta de la ciudad no está equipado para manejar las complicaciones que surgen en la intersección entre la falta de vivienda y la migración. Los proveedores de vivienda afirman también que la ciudad subestima y subrepresenta intencionadamente la necesidad que existe.

Aunque los representantes de la ciudad dijeron que el Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo está tomando medidas para reasignar fondos para abrir un refugio para familias y acelerar el ritmo al que las familias salen del refugio y acceden a una vivienda de más largo plazo, no fueron capaces de proporcionar un periodo de tiempo o instrucciones sobre qué deben hacer las familias que duermen en la calle mientras tanto.

Una necesidad profunda y pocos datos

La idea de que no hay suficiente vivienda temporal para estas familias entra en conflicto con el inventario de albergues de la ciudad, el cual es una plataforma en línea que tiende a mostrar un 7% u 8% de las vacantes que hay en los albergues para familias. No obstante, Hope Kamer, directora de política pública y asuntos externos en Compass Family Services, una organización sin fines de lucro que se ocupa de las familias en situación de calle, afirma que esta cifra no es un fiel reflejo de la necesidad que hay.
“Las familias vienen a nuestro punto de acceso a las 4:30 de un viernes y dicen: ‘No tengo dónde ir el fin de semana con mis dos bebés'”, dijo, calificando la necesidad como “profunda”.

A menudo, se rechaza a las familias porque no hay lugares disponibles en los albergues.

Eso fue lo que le ocurrió a Álvaro Tovar, su mujer y sus dos hijos pequeños cuando se presentaron recientemente a un punto de acceso a albergues, donde se evalúa si las familias reúnen los requisitos para recibir servicios, explicó Tovar. El personal le dijo que tardarían dos semanas en inscribirlos en la lista de espera, y más tiempo en conseguir camas. Le aconsejaron que comprara una tienda de campaña para su familia mientras esperaban.

“Eso me rompió el corazón porque, en primer lugar, no teníamos dinero, no conocíamos la ciudad. Perdí toda esperanza”, dijo Tovar en un evento de la comunidad el 7 de marzo que realizó Fe en Acción del Área de la Bahía para llamar la atención sobre la necesidad de refugio para las familias.

Yesica Prado / San Francisco Public Press

En el evento comunitario del 7 de marzo para instar a los legisladores de San Francisco a que proporcionen más albergues para familias inmigrantes que no cuentan con vivienda, docenas de niños y niñas corren hacia la tarima de la iglesia católica St. Anthony en el Distrito de la Misión. Los niños sostenían letreros y pedían al Departamento de Personas Sin Hogar y Vivienda de Apoyo que garanticen un lugar de albergue a los solicitantes, o que se les proporcione un vale para que puedan quedarse en un hotel.

Kamer explicó que el refugio en Buena Vista Horace Mann, un gimnasio escolar que funciona como albergue nocturno para familias, recibe hasta 10 llamadas al día de organizaciones comunitarias que buscan camas para familias que no tienen dónde alojarse, muchas de las cuales el albergue no ha podido aceptar.

Laura Valdez, directora ejecutiva de Dolores Street Community Services, la organización sin fines de lucro que gestiona el centro de albergue para familias en Buena Vista Horace Mann, declaró al San Francisco Standard en diciembre pasado que la ciudad instruye a la organización para que no contabilice la cantidad de familias que rechaza.

Emily Cohen, subdirectora de comunicaciones y asuntos legislativos del Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo, dijo que no tenía conocimiento de esa instrucción. Más bien, dijo, el departamento quiere que la gente vaya a los puntos de entrada al sistema de respuesta para personas en situación de calle para crear una lista de espera centralizada del albergue.

En los últimos seis meses, esa lista de espera ha tenido constantemente unas 200 familias, dijo Kamer. Explicó que en Buena Vista Horace Mann, el departamento evalúa la ocupación del albergue a las 5 de la tarde, antes de que los papás y mamás hayan regresado de trabajar y, por tanto, subrepresenta la necesidad.

“Esta falta de voluntad para captar la magnitud completa del problema significa que no hay rendición de cuentas ante estas familias y que, a su vez, no hay presión pública para construir la cantidad de albergues que necesitamos”, dijo.

Las mismas familias inmigrantes se han unido para ejercer esa presión. En colaboración con Fe en Acción del Área de la Bahía, las familias han exigido al Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo que garantice alojamiento en el mismo día o que se proporcione un vale de hotel a cualquier familia que acuda a un punto de acceso; que acelere la transición del alojamiento de un albergue a una vivienda de largo plazo; y que haga un control en línea que le permita a las familias comprobar qué posición ocupan en la lista de espera de un albergue.

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Después de un evento comunitario en marzo, muchas familias inmigrantes de países latinoamericanos se reunieron para hablar del trabajo de defensoría que realizan con el objetivo de reunir apoyo de los legisladores locales y proponer iniciativas de vivienda. Se reúnen en un círculo, y aplauden por los esfuerzos colectivos.

El grupo se reunió frente al ayuntamiento el 12 de marzo, el día en que el supervisor y candidato a alcalde Ahsha Safaí presentó una resolución no vinculante en la que pedía a la alcaldesa London Breed y al Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo que respondieran a las necesidades de vivienda de las familias migrantes. La Junta de Supervisores celebrará una audiencia sobre la resolución el 22 de abril, según el personal de Fe en Acción del Área de la Bahía.

Otras barreras para encontrar vivienda segura

Además de la falta de camas en albergues, las familias migrantes se enfrentan a otros problemas cuando intentan navegar el sistema.

“Para muchas familias, el sistema de respuesta para personas en situación de calle en San Francisco es el primer punto de contacto con servicios sociales en Estados Unidos; es más, el sistema carece fundamentalmente de los recursos necesarios para proporcionar la atención informada sobre trauma y la navegación legal que necesita una familia que acaba inmigrar a San Francisco”, dijo Kamer.

Vanessa Bohm es la directora de los programas de Bienestar Familiar y Promoción de la Salud del Centro de Recursos Centroamericano, una organización sin fines de lucro que ayuda a inmigrantes latinx y a las familias con menos recursos del Área de la Bahía de San Francisco. Bohm explicó que hace 15 o 20 años era más fácil que la gente consiguiera hospedaje o trabajo a través de la economía informal o a través de conexiones con personas que conocían en el área. Hoy en día, no está tan segura de que sea así.

Silvia Ramos, gestora de casos y facilitadora de grupos de apoyo para el programa de bienestar familiar del Centro de Recursos Centroamericano, dijo que muchas familias llegan a San Francisco con trauma del viaje que emprendieron y que se sienten desplazadas al entrar en un sistema al que les es difícil adaptarse. Cuando las familias llegan sin ningún lugar donde alojarse y la ciudad no tiene camas disponibles, Ramos busca en albergues en Oakland o en otras ciudades cercanas y le enseña a la gente a utilizar el sistema de transporte rápido del Área de la Bahía (BART).

Muchos proveedores explicaron que navegar estos sistemas puede ser aún más difícil para las personas que no hablan inglés o que proceden de entornos culturales diferentes.

El papel del sistema judicial de migración

A la vez que buscan tener acceso a una vivienda, las familias también deben preocuparse por el proceso de asilo y el tribunal de inmigración. Sin embargo, los proveedores se han dado cuenta que hay una falta de conexión entre los sistemas de respuesta legal y para personas en situación de calle, y los grupos que ofrecen otros recursos como atención médica o alimentos.

“No hay ayuda gubernamental para conectar el sistema de respuesta legal y el sistema de respuesta para personas en situación de calle”, dijo Kamer. “Los proveedores de atención directa están averiguando cómo hacerlo”.

Milli Atkinson, directora del Programa de Defensa Legal para Inmigrantes en el Centro de Justicia y Diversidad del Colegio de Abogados de San Francisco, dijo que los casos de asilo de la mayoría de las personas no se deciden hasta dentro de años y que a menudo se preocupan más por cubrir necesidades inmediatas como la vivienda o la comida.

“Muchas personas se pierden en el sistema, simplemente porque no tienen la capacidad mental de resolver todas estas cosas a la vez, y primero atienden a sus necesidades básicas”, dijo.

Sin embargo, tener representación legal durante el proceso de asilo ayuda a los migrantes a obtener un permiso laboral, lo que les permite ser más autosuficientes.

La inestabilidad de vivienda puede afectar los casos de inmigración de otras maneras. Uno de los mayores obstáculos para las personas en situación de calle, según Atkinson, es que el sistema judicial se basa en gran medida en tener todo por escrito y en papel por lo que la comunicación se realiza principalmente por correo tradicional. La expectativa es que las personas mantengan al tribunal al corriente del cambio de domicilio.

“Si el tribunal te envía por correo información sobre tu caso y no la recibes, es culpa tuya”, explica.

La llegada de migrantes

Los proveedores de vivienda, los defensores legales y el Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo contaron como anécdota un aumento en el número de personas que buscan servicios y que huyen de Latinoamérica debido a los disturbios políticos, la pobreza y otros tipos de violencia.

Atkinson dijo que en los últimos años, su organización ha visto un mayor número de migrantes procedentes de países como Nicaragua, Colombia, Perú y Cuba. Como la cantidad de países que viven inestabilidad política en los últimos años ha aumentado, la cantidad de personas que llegan a la frontera también ha incrementado, dijo.

Dado que San Francisco es una ciudad santuario, las preguntas sobre el estatus del migrante o refugiado durante el proceso de entrada coordinada (un sistema que se utiliza para determinar qué recursos se pueden solicitar) son limitadas. Esto dificulta decir qué porcentaje de la reciente oleada de familias que buscan refugio son inmigrantes, dijo Cohen, aunque señaló a forma de anécdota que ha habido más personas de Centro y Sudamérica que llegan en busca de ayuda.

Los datos de la ciudad muestran que la cantidad de hispanohablantes y personas latinx en situación de calle está en aumento. El porcentaje de hispanohablantes en el sistema ONE de la ciudad, que monitorea a las personas que reciben asistencia del Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo, aumentó a más de una cuarta parte de la población de personas que reciben apoyo del departamento en 2024. Además, de 2019 a 2022, hubo un aumento del 55% en la cantidad de personas latinx que carecen de un techo, según los datos recopilados en ese momento determinado en 2022, que es un recuento bianual de la cantidad de personas que se encuentran en situación de calle.

Yesica Prado / San Francisco Public Press

Las familias migrantes sin vivienda se reúnen afuera del ayuntamiento de San Francisco en apoyo a la resolución del supervisor Ahsha Safaí, el cual exhortó a la ciudad a que garantice a las familias que tengan acceso a albergues y a una transición mejor de vivienda temporal a permanente. Safaí y el supervisor Dean Preston, a la izquierda, en solidaridad.

La historia de Leslie

Una vivienda segura y estable les permite a las familias migrantes prosperar.

Leslie, que pidió mantener su apellido en privado, huyó de Nicaragua en noviembre de 2019 con su hija y su pareja cuando el país se enfrentó a un aumento en la violencia política lo que provocó que tanto ella como su pareja perdieran sus empleos.

“Había una guerra y mataron a mucha gente. Había mucho caos por todas partes y la economía ya estaba en mal estado”, dijo al señalar que no tenían qué comer. “Así que nos fuimos en busca de un futuro mejor”.

Cuando llegaron, Leslie se enfrentó al maltrato de los familiares con los que se alojaba y se vio obligada a mantener a su hija, que tiene autismo, en su habitación para protegerla del acoso.

“Sentí mucha frustración, mucha desesperación; no sabía qué hacer”, dijo.

Al final, Leslie, su pareja y su hija se marcharon. Cambiaron de domicilio al menos tres veces; pasaron de un albergue a la casa de una amistad, y luego a un hotel financiado por la ciudad. Fue allí, donde dejó de dormir en el suelo y donde empezó a sentirse más cómoda. Leslie empezó a ver a un terapeuta y a recibir atención médica, y aprendió cómo inscribir a su hija en la escuela.

Sin embargo, Leslie no sabía cuánto tiempo iban a poder quedarse, lo que le causaba ansiedad; además, había otros problemas.

La terapia “me abrió los ojos al maltrato que estaba sufriendo a manos de mi pareja, así que decidí dejarlo”, dijo. “Aquí no tenía familia ni amigos. Solo tenía a mi hija”.

Con la ayuda de Compass Family Services y servicios prenatales para personas en situación de calle, Leslie pudo finalmente solicitar una vivienda permanente para ella y su hija de 7 años de edad. Se mudaron en septiembre de 2023.

“Ahora que hemos encontrado una vivienda estable, ella se siente segura, las dos nos sentimos seguras”, dijo al señalar que la estabilidad es buena para su hija.

La seguridad le ha permitido a Leslie hacer prácticas profesionales en un preescolar y formar parte del Consejo Asesor de Familias de Compass Family Services para compartir sus experiencias sobre cómo ha navegado la vida sin un hogar en San Francisco. Haber vuelto a la escuela le ha hecho sentirse útil.

“Me hace sentir que tengo un futuro mejor aquí”, dijo y señaló que no estaba segura de si tendría que dedicarse a limpiar inodoros de por vida en Estados Unidos. “Realmente me llena de vida y me encanta estar con los niños. Me encanta aprender”.

Madison Alvarado realizó este reportaje a través de la Beca de Datos 2023 del Centro Annenberg sobre la Salud de USC, el cual proporcionó formación, tutoría y financiamiento para la realización de este proyecto.

Traducido al español por Andrea Valencia a través de Linguaficient, una empresa local que ofrece servicios lingüísticos profesionales. Valencia interpretó nuestra entrevista con Leslie, una hispanohablante monolingüe. Yesica Prado, periodista de San Francisco Public Press, interpretó nuestra entrevista con Karen Rodríguez.

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